Seguro que alguna vez has hecho un avión de papel, una pajarita o un barquito. Es un acto tan común que a menudo no nos paramos a pensar en lo extraordinario que es: cogemos un objeto completamente plano, una simple hoja de papel (2D), y, sin más herramientas que nuestras manos y unos pliegues, lo transformamos en un objeto con volumen y forma (3D).

Ese «truco» mágico tiene un nombre y una historia fascinante: es el origami.
La palabra es japonesa y viene de la unión de ori (plegar) y kami (papel). En su forma más pura y tradicional, es el arte de crear figuras a partir de una única hoja de papel, normalmente cuadrada, sin usar tijeras ni pegamento. Cada pliegue es un paso en una transformación, como una metamorfosis en la que el papel cobra vida.

El origen: un viaje desde china a las estrellas
- El primer paso: el papel. El origami no podría existir sin su materia prima. El papel se inventó en China alrededor del siglo II, y fue introducido en Japón por monjes budistas en el siglo VI. Al principio, el papel era un artículo de lujo, muy caro, por lo que su uso para plegar estaba reservado para ceremonias religiosas y ritos formales sintoístas (se hacían ofrendas de papel plegado a los dioses).
- El recreo popular en Japón. Durante el período Edo (1603-1868), Japón vivió una época de aislamiento y paz que permitió el florecimiento de sus artes y oficios. El papel se abarató y el origami se convirtió en un arte recreativo popular. Aquí nacieron figuras icónicas como la famosa grulla de papel (orizuru).
- El gran maestro: Akira Yoshizawa. El hombre que transformó el origami de una simple artesanía a un arte con mayúsculas fue el japonés Akira Yoshizawa. Se le considera el padre del origami moderno. Creó decenas de miles de modelos nuevos, desarrolló técnicas como el «plegado en húmedo» (para dar curvas suaves al papel) y, lo más importante de todo, ayudó a crear el sistema de diagramas estándar (el lenguaje de puntos y flechas) que se usa hoy en todo el mundo para explicar los pasos de una figura.

El origami como escultura: el arte de la transformación
A primera vista, el origami y esculpir una estatua de mármol parecen mundos opuestos. Pero, en esencia, ambos son escultura. La diferencia radica en el método:
- La escultura tradicional suele ser sustractiva: un artista como Miguel Ángel partía de un bloque de mármol y le quitaba material hasta que aparecía el David.
- Otras técnicas, como modelar con arcilla, son aditivas: se añade material para construir la forma.
- El origami es único: es una escultura transformativa. No se añade ni se quita nada. Se parte de una unidad (una hoja de papel) y se reorganiza en el espacio para crear volumen, forma y textura a través de los pliegues. El David y una grulla de papel son volúmenes en el espacio, pero uno es el resultado de la resta y el otro, de la pura transformación.
En el origami, la hoja de papel es como el ADN de la figura. Toda la información de la grulla final está contenida en el cuadrado de papel inicial; los pliegues son solo las «instrucciones» que liberan esa forma. Los planos y aristas creados por los pliegues atrapan la luz y generan sombras, exactamente igual que los volúmenes de una escultura.

El origami como geometría: la ciencia del plegado
Cada vez que haces un pliegue, estás realizando una operación matemática y geométrica. El origami es, en su nivel más profundo, geometría aplicada. Los pliegues son líneas, los puntos donde se cruzan son vértices y las secciones del papel son planos y polígonos.
La rigidez sorprendente de un modelo de origami no es magia: la estructura de pliegues en triángulo, como en las armaduras de un puente o una grúa, distribuye la tensión y da una increíble resistencia a un material tan frágil como el papel.
Esta conexión con la matemática es tan potente que hoy en día, el origami se usa en campos de la ciencia y la tecnología de vanguardia:
- Ingeniería aeroespacial: Para diseñar paneles solares o velas solares de satélites que deben ser plegados en un espacio mínimo para el lanzamiento y luego desplegarse en el espacio de forma autónoma. El Telescopio Espacial James Webb usa principios de origami.
- Seguridad en el automóvil: Los patrones de plegado de los airbags se diseñan utilizando algoritmos de origami para que se desplieguen en la forma correcta en una fracción de segundo.
- Medicina: Se están diseñando stents (pequeñas mallas para abrir arterias) que se introducen plegados y se expanden en el lugar exacto, e incluso robots médicos microscópicos que podrían ser «plegados» y enviados a través del torrente sanguíneo.

Así, el antiguo arte del plegado de papel se ha convertido en una herramienta de futuro, demostrando que la belleza y la lógica pueden ir de la mano. Y todo empieza, como veremos en nuestra actividad, con algo tan simple y tan perfecto como el plegado de un avión de papel o una grulla.
Actividades propuestas
La primera actividad está relacionada con el día de la paz (30 de enero), y consiste en construir una grulla gracias al origami. Pero antes de ello, déjame que te explique porqué la grulla de papel se ha convertido en el símbolo de la paz.
La leyenda de las mil grullas y el símbolo de la paz
El símbolo: mucho más que un pájaro de papel
La figura más famosa y reconocida del origami, el verdadero icono de este arte en todo el mundo, es la grulla (orizuru en japonés). En Japón, la grulla es un animal místico y sagrado, considerado un símbolo de larga vida, buena fortuna y felicidad. Se cree que las grullas pueden vivir hasta mil años y que tienen el poder de llevar las almas al paraíso.
Debido a esto, existe una antigua leyenda japonesa llamada Senbazuru. Según la leyenda, a quien consiga plegar mil grullas de papel se le concederá un deseo de parte de los dioses, ya sea recuperarse de una enfermedad, tener una larga vida o alcanzar la felicidad. Tradicionalmente, regalar un senbazuru (mil grullas unidas por hilos) es un gesto de profundo cariño y un deseo de salud para una persona enferma o para una pareja de recién casados.
Pero esta hermosa leyenda se transformó para siempre en el siglo XX, uniendo el destino de la grulla de papel a una niña real y convirtiéndola en un poderoso símbolo mundial de la paz.

Sadako Sasaki: la niña que plegó un deseo para el mundo
La historia de cómo la grulla se convirtió en el símbolo de la paz es la historia de Sadako Sasaki.
- ¿Quién era Sadako? Era una niña llena de vida y energía que vivía en la ciudad de Hiroshima. Cuando tenía solo dos años, en 1945, cayó la bomba atómica sobre su ciudad. Ella sobrevivió a la explosión sin heridas aparentes. Creció sana y se convirtió en una excelente corredora en su escuela.
- La enfermedad: Diez años después, a los doce años, Sadako fue diagnosticada con leucemia, la terrible «enfermedad de la bomba atómica», causada por la radiación. Fue hospitalizada y los médicos le dijeron que le quedaba, como mucho, un año de vida.
- La leyenda y la esperanza: En el hospital, su mejor amiga le recordó la antigua leyenda del Senbazuru. Le llevó una grulla dorada y le dijo que si conseguía plegar mil, los dioses podrían concederle su deseo de curarse. Aferrándose a esta esperanza, Sadako comenzó su increíble tarea.
- Plegando un nuevo deseo: Con una paciencia y una determinación extraordinarias, Sadako empezó a plegar grullas con cualquier trozo de papel que encontraba: las etiquetas de sus medicinas, papel de regalo, cartas… Al principio, su deseo era egoísta y lleno de esperanza: «Quiero curarme. Quiero volver a correr.» Sin embargo, a medida que su enfermedad avanzaba y veía a otros niños en el hospital sufriendo como ella, su deseo empezó a cambiar. Ya no pedía solo por ella misma. Cada grulla se convirtió en una oración por algo mucho más grande. Su nuevo deseo se escribió en las alas de sus grullas: «Quiero la paz para todo el mundo.» Su lucha personal se había transformado en un deseo universal para que ningún otro niño tuviera que sufrir nunca más los horrores de la guerra.

El legado: cómo una historia personal se convirtió en un símbolo global
Sadako Sasaki falleció en octubre de 1955, antes de poder completar sus mil grullas (aunque algunas versiones dicen que superó la cifra, la más aceptada es que plegó 644). Su historia podría haber acabado ahí, pero sus compañeros de clase, profundamente conmovidos por su valor, decidieron terminar de plegar las 356 grullas que le faltaban para poder enterrarla con sus mil grullas, cumpliendo así su sueño.
Este gesto fue solo el principio. Los amigos de Sadako iniciaron una campaña para construir un monumento en honor a ella y a todos los niños que murieron por la bomba atómica.
- En 1958, se inauguró en el Parque de la Paz de Hiroshima el Monumento a la Paz de los Niños. La estatua muestra a Sadako en la cima, sosteniendo en alto una gran grulla dorada. En su base, una placa dice:«Este es nuestro grito. Esta es nuestra oración. Paz en el mundo.»
La historia de Sadako y sus mil grullas se difundió por todo el mundo, y hoy, la grulla de papel ya no solo simboliza la buena fortuna, sino que es el símbolo internacional de la paz, la esperanza y el deseo de un mundo libre de armas nucleares. Plegar una grulla de papel se ha convertido en un acto de memoria, un pequeño gesto para recordar la historia de Sadako y unirse a su deseo de paz para el mundo.
Segunda actividad: Un corazón de papel
Esta segunda actividad está relacionada con el día de la salud (7 de abril) y consiste en realizar un corazón utilizando el origami. También se puede utilizar como actividad para el día de San Valentín (14 de febrero).
Esta actividad está inspirada por la web de Origami+ así que en vez de detallarla, prefiero que visites su página, porque tienen la actividad muy bien descrita.
Como hacer un corazón en origami por Origami+

