Saltar al contenido

Rosetones y vidrieras

Índice

En el corazón de casi todas las grandes catedrales góticas, sobre sus portadas principales, se encuentra una de las creaciones más deslumbrantes y complejas del arte medieval: los rosetones.

Un rosetón es una inmensa ventana circular, adornada con vidrieras de colores y una compleja estructura de piedra que se despliega desde un punto central, de forma radial, como si fueran los pétalos de una rosa gigante. De ahí su nombre.

Los rosetones góticos (Rosetón de la Sainte Chapelle en París / Fotografía de Sergio Cuesta)

Pero los rosetones son mucho más que una simple ventana o una decoración bonita. Es un manifiesto del pensamiento gótico, un objeto donde se unen a la perfección la ingeniería más audaz, la geometría más sagrada y una profunda simbología espiritual.

El origen: del óculo al cosmos

La historia del rosetón es una de las más bellas historias de la evolución arquitectónica, un viaje desde un simple agujero hasta una compleja metáfora del universo. Su linaje no arranca en el gótico, sino mucho antes, en el óculo romano. Un óculo (del latín oculus, «ojo») era una apertura circular en un muro o en la cúspide de una cúpula. Su función era pragmática: iluminar y ventilar un espacio. El ejemplo más majestuoso es, sin duda, el gran óculo del Panteón de Agripa en Roma, un enorme «ojo» abierto al cielo que baña el interior con un dramático haz de luz solar que se mueve a lo largo del día.

Óculo del Panteón de Agripa / Fotografía de Sergio Cuesta
Óculo del Panteón de Agripa / Fotografía de Sergio Cuesta

Durante los siglos oscuros que siguieron a la caída de Roma, esta forma arquitectónica sobrevivió, pero fue en el románico (siglos XI-XII) cuando empezó su verdadera transformación. En las iglesias románicas, con sus muros increíblemente gruesos diseñados para soportar pesadas bóvedas de piedra, el óculo seguía siendo una ventana pequeña y modesta. Sin embargo, los arquitectos empezaron a darle una forma más estructural y simbólica. Para fortalecer el hueco, insertaron pequeñas columnas de piedra a modo de radios, uniendo el centro con el perímetro. El resultado se asemejaba a la rueda de un carro, y de hecho, a estos primeros rosetones románicos se les llamaba «ruedas» (rotae). Simbólicamente, se asociaban a la «Rueda de la Fortuna», una alegoría medieval sobre la naturaleza cíclica de la vida y la inevitabilidad del destino.

Óculo románico en la ermita de Santa Coloma, en Albendiego (fotografía de Sergio Cuesta)
Óculo románico en la ermita de Santa Coloma, en Albendiego (fotografía de Sergio Cuesta)

La auténtica revolución llegó con el gótico (siglo XII en adelante). Los arquitectos góticos, obsesionados con la luz y la altura, inventaron un sistema constructivo (arco apuntado, bóveda de crucería y arbotantes) que transformó los edificios en esqueletos de piedra. El peso del edificio ya no descansaba sobre los muros, sino sobre pilares y contrafuertes externos. Esta liberación del muro fue el big bang del rosetón. Los arquitectos se dieron cuenta de que el óculo ya no tenía por qué ser pequeño. Podían expandirlo, hacerlo cada vez más grande, hasta ocupar casi todo el ancho de la fachada principal de la catedral, como un gigantesco sol de piedra y cristal.

Ejemplo de arquitectura gótica: Sainte Chapelle en París (fotografía de Sergio Cuesta)
Ejemplo de arquitectura gótica: Sainte Chapelle en París (fotografía de Sergio Cuesta)

Para poder sostener los delicados y carísimos paneles de vidrieras que debían rellenar ese enorme hueco, los arquitectos desarrollaron la tracería, un intrincado encaje de piedra, cada vez más fino, complejo y atrevido. El rosetón dejó de ser una «rueda» y se convirtió en lo que su nombre indica: una rosa (del latín rosa), una flor celestial de geometría perfecta. Esta evolución de un simple agujero a una de las estructuras más complejas del arte medieval es un testimonio de la audacia y el ingenio de los constructores góticos.

Vidrieras y pequeño rosetón en Sainte Chapelle (París) / Fotografía de Sergio Cuesta
Vidrieras y pequeño rosetón en Sainte Chapelle (París) / Fotografía de Sergio Cuesta

El significado simbólico: la ventana al cielo

Para el hombre medieval, el mundo era un libro escrito por Dios, y cada cosa en él, desde una planta hasta una catedral, estaba cargada de significados ocultos. El rosetón no era una excepción; de hecho, era una de las páginas más densas y ricas de ese libro simbólico.

Su primer nivel de significado es el que le da nombre: la rosa. En la tradición cristiana, la rosa es uno de los símbolos más importantes de la Virgen María. Se la conoce como la «rosa mística» o la «rosa sin espinas», aludiendo a su pureza y a su belleza sin el pecado original. Por ello, muchos de los grandes rosetones de las catedrales góticas (como el de Notre Dame de París) están dedicados a María, y a menudo su figura ocupa el medallón central de la vidriera. De la misma manera, la rosa también puede simbolizar a Cristo (la «rosa de Sarón»), cuyo sacrificio «florece» para la redención de la humanidad. El color dominante de las vidrieras, el rojo rubí, no es casual: simboliza la sangre y la pasión de Cristo.

Fachada lateral de la Catedral de Notre Dame en París / Fotografía de 2009 por Sergio Cuesta
Fachada lateral de la Catedral de Notre Dame en París / Fotografía de 2009 por Sergio Cuesta

A un nivel más abstracto y cosmológico, el rosetón es una imagen del orden perfecto del universo de Dios. Su geometría, siempre basada en el círculo (símbolo de la eternidad y la perfección divina) y organizada de forma radial desde un único punto central, es una metáfora de la creación. El medallón central es Dios, la fuente de todo. Los «pétalos» o «rayos» que emanan de él son los ángeles, los apóstoles, los profetas, y en última instancia, toda la creación que parte de Dios y se ordena en una armonía matemática perfecta. En un mundo caótico y a menudo brutal, el rosetón ofrecía al fiel una visión de un universo divino, lógico y hermoso.

Rosetón de la fachada principal de la Catedral de Notre Dame en París (anterior al incendio, 2009) / Fotografía de Sergio Cuesta
Rosetón de la fachada principal de la Catedral de Notre Dame en París (anterior al incendio, 2009) / Fotografía de Sergio Cuesta

Finalmente, su significado más profundo e inmediato para quien entraba en la catedral era el de la luz divina (la lux nova). El abad Suger de Saint-Denis, el «padre» ideológico del gótico, fue el primero en expresar esta idea revolucionaria. Para él, la luz material era la manifestación más directa de la luz inmaterial de Dios. El rosetón, y las vidrieras en general, actúan como un filtro místico. La luz cruda y ordinaria del mundo exterior atraviesa los cristales de colores y se transforma en una luz sobrenatural, coloreada, que inunda el espacio interior, creando una atmósfera de otro mundo. El fiel no entraba en un edificio, entraba en un espacio que simulaba la Jerusalén Celestial descrita en el Apocalipsis, «iluminada por la gloria de Dios». La función del rosetón no era ver el exterior, sino dejar de verlo, y en su lugar, experimentar una manifestación casi física de la presencia divina. Era la materialización en piedra, cristal y luz de la promesa del paraíso.

Cómo se construyen: la geometría al servicio de la fe

La belleza etérea y casi milagrosa de un rosetón gótico podría hacernos pensar que su diseño es un misterio insondable. Nada más lejos de la realidad. Cada línea, cada curva y cada pétalo de un rosetón es el resultado de la aplicación rigurosa y metódica de principios geométricos simples, manejados con una maestría asombrosa por los maestros de obras medievales. Un arquitecto gótico no era solo un constructor; era, ante todo, un geómetra que usaba el compás y la regla como herramientas para invocar la armonía divina.

La construcción de un rosetón, desde el boceto inicial en un pergamino hasta su ejecución final en piedra, seguía una secuencia lógica de pasos basados en la geometría sagrada.

Paso 1: La unidad primordial, el círculo

Todo comienza con la forma más perfecta y simbólica: el círculo. Con un compás, el maestro trazaba el círculo exterior que definiría el tamaño total del rosetón. Este círculo no solo delimita la forma, sino que simboliza la totalidad, la eternidad y la perfección de Dios. Dentro de este, se trazaba un círculo concéntrico más pequeño que a menudo enmarcaba el «ojo» central u óculo de la composición.

Paso 2: La división radial, el esqueleto invisible

Este es el paso crucial que determina toda la estructura y el simbolismo numérico del rosetón. El círculo se dividía en un número determinado de secciones iguales, creando un esqueleto radial invisible sobre el que se construiría todo lo demás. Esta división se hacía con una increíble precisión usando solo el compás y la regla.

  • División en 6 o 12: Era la más común y la más sencilla de trazar geométricamente. El radio de un círculo cabe exactamente seis veces en su circunferencia. A partir de esta división en seis, se puede duplicar fácilmente a doce. Numéricamente, el doce es un número potentísimo en el cristianismo: los doce apóstoles, las doce tribus de Israel
  • División en 8 o 16: También común, a menudo simbolizando la resurrección y el renacimiento (el «octavo día» de la creación).

Paso 3: El módulo y la repetición, la belleza del ritmo

Una vez establecido el esqueleto radial, el diseño de la tracería (el encaje de piedra) no se improvisaba. Se basaba en la repetición de un módulo: un diseño geométrico básico que se iba girando y repitiendo en cada una de las secciones radiales. Esta repetición es lo que crea el ritmo y la armonía hipnótica del rosetón.

Estos módulos eran combinaciones creativas de las formas fundamentales de la geometría gótica:

  • Arcos de círculo: Se usaban para crear los pétalos de la «rosa» y las ondas que fluyen por la tracería. El arco apuntado era, por supuesto, una figura recurrente, creando pequeñas ventanas ojivales dentro de la composición.
  • Polígonos regulares y estrellados: La división del círculo creaba de forma natural un polígono inscrito (un hexágono, un octógono, un dodecágono) que a menudo servía como la estructura central de la que partían los «pétalos».
  • Formas lobuladas: Son las formas «en forma de hoja» o pétalo tan características. Su nombre depende del número de lóbulos que tienen:
    • Trifolio (tres lóbulos): Simbolizando la Santísima Trinidad.
    • Cuadrifolio (cuatro lóbulos): Simbolizando a los cuatro evangelistas.
    • Pentafolio, hexafolio, etc.

Paso 4: De la geometría a la estructura, creando jerarquía

El maestro de obras combinaba estos elementos para crear una estructura jerárquica, que normalmente se leía desde el centro hacia el exterior, reflejando el orden del cosmos divino.

  1. Un medallón central (óculo), que a menudo representaba a Cristo, la Virgen o el santo patrón de la catedral.
  2. Una primera corona de «pétalos» (doce, por ejemplo), que podían contener a los apóstoles.
  3. Una segunda corona más grande, que podía representar a los profetas o escenas bíblicas.

El resultado final era una composición de una complejidad deslumbrante, pero cuya belleza reside en que no es caótica. Es una sinfonía de simetría radial, ritmo y repetición, donde cada parte, por pequeña que sea, está subordinada a la lógica geométrica del conjunto. La construcción de un rosetón es el ejemplo perfecto de cómo el artista medieval no veía ninguna contradicción entre la fe más profunda y la matemática más rigurosa; para él, eran simplemente dos lenguajes que hablaban de lo mismo: la perfección del orden divino.

Actividades propuestas

Dibuja tu propio rosetón gótico

Esta actividad se puede realizar en el bloc de dibujo o con la ayuda de algún programa de diseño digital o vectorial. Lo importante es respetar los principios de los rosetones. Puedes partir de un dodecágono inscrito en una circunferencia.

Lámina para colorear

La actividad consiste en colorear este rosetón gótico atendiendo a los factores de ritmo, simetría, giro y traslación. Si pulsas sobre la imagen podrás descargar el PDF imprimible. Si quieres trabajar en tu bloc de dibujo puedes utilizar el compás para dibujar un círculo grande, y luego inscribir un polígono en su interior a partir del cual dibujar todos los pétalos del rosetón.

Rosetones góticos. Lámina para colorear para ESO, PAPV y EPVA

¿Quieres una actividad un poco más compleja? La siguiente también trabaja con una plantilla, pero ya no vale solo con colorear. En esta ocasión deberás dibujar escenas, a modo de cómic o historia en las distintas secciones del rosetón.

Recortar y decorar un rosetón gótico usando kirigami

El kirigami es el arte milenario japones de doblar y recortar papeles para obtener construcciones impresionantes. En esta ocasión utilizaremos esta técnica para crear una réplica del rosetón perfectamente simétrica y regular.

Para facilitar la tarea, aquí abajo te dejo una plantilla que puedes imprimir. No obstante, puedes diseñar tu propio rosetón para personalizar todavía más la tarea. Este de aquí abajo está inspirado por el rosetón de la Catedral de Cuenca. Si pintas el rosetón de negro con un rotulador antes de recortarlo el resultado será mucho más impactante. Una vez tengas terminado y recortado tu rosetón, tienes que completarlo añadiendo papel celofán de colores en los huecos.

Diseñar un llavero 3D con un rosetón gótico

En este caso vamos a trabajar con la aplicación SketchUp de Autodesk. Se trata de una aplicación gratuita que tiene versión web, por lo que puedes trabajar con ella sin necesidad de instalar nada. Lo único que tendrás que hacer es registrarte con tu correo para poder trabajar y guardar tus proyectos. Nuestro objetivo es crear una réplica del rosetón de la Catedral de Cuenca. Estas medidas son genéricas. Una vez realizado el diseño podrás cambiar el tamaño con la herramienta de escala y darle 3mm de volumen para poder imprimirlo. Un buen tamaño para un llavero es 5cm de diámetro.

Medidas para replicar el rosetón de la Catedral de Cuenca a escala