A finales de los años 20, mientras muchos artistas se iban a París a pintar cafés y bulevares, dos creadores castellanomanchegos decidieron hacer algo revolucionario. El pintor Benjamín Palencia (de Barrax, Albacete) y el escultor Alberto Sánchez (de Toledo) empezaron a dar largos paseos por las afueras de Madrid y los campos de Castilla.
Juntos fundaron lo que se conoce como la Escuela de Vallecas. Ellos no buscaban paisajes verdes o montañas nevadas. Encontraron la verdadera belleza en la tierra seca, en los cardos, en las piedras, en los cerros pelados y en la luz cegadora de nuestra región. Demostraron que el paisaje rural y humilde, el que vemos todos los días, podía ser el protagonista del arte de vanguardia.

Las «excursionistas» del 27: Maruja Mallo y la naturaleza
Benjamín y Alberto no paseaban solos. A menudo les acompañaban poetas como Lorca o Alberti, y artistas geniales como Maruja Mallo. En esos paseos por el campo, Maruja no solo dibujaba; recogía piedras, raíces, huesos de animales, cenizas y espigas secas. Luego usaba esas formas de la naturaleza para crear sus impresionantes cuadros, a los que llamó Naturalezas Vivas (en contraposición a las clásicas «naturalezas muertas» o bodegones). Ella nos enseñó a mirar los elementos más pequeños del campo con ojos de artista.

La síntesis visual: Menos es más
Los artistas de la Escuela de Vallecas no copiaban el paisaje como si fueran una cámara de fotos. Hacían un proceso de síntesis visual:
- La línea del horizonte: A veces la ponían muy baja, para darle todo el protagonismo a ese cielo inmenso de Castilla.
- Las texturas: En lugar de dibujar hoja por hoja, usaban tramas de líneas (puntos, rayas cruzadas, zig-zags) para representar la rugosidad de la tierra arada o la dureza de un cardo.
- La energía del trazo: Sus líneas no son rectas con regla; son líneas hechas a pulso, orgánicas, que transmiten la fuerza del viento y la naturaleza.

¡A crear! Tu reto en el taller
Hoy vas a reinterpretar un paisaje de nuestra comarca, de tu propio pueblo, pero lo vas a hacer con los ojos de un artista de la Escuela de Vallecas.
- Toma como referencia una fotografía del entorno del pueblo (los campos de girasoles, un cerro, tierras de secano, un camino de tierra).
- Opcional: Usa un soporte de cartulina de desecho (la parte trasera de una caja de cereales o galletas es perfecta porque su color marrón tierra ya nos da una base manchega).
- Con un bolígrafo de un único color (rojo, negro, azul, verde…), dibuja el paisaje usando solo líneas y tramas. Sintetiza: no dibujes detalles, dibuja la fuerza de la tierra. Una variante complicada sería realizar este mismo trabajo con tinta y plumilla. No se trata de colorear grandes zonas, se trata de dibujar líneas, como si fuera un grabado o una litografía.
Aquí debajo te dejo tres litografías de Benjamín Palencia para que te sirvan de referencia.

