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La Escuela de Vallecas

Índice

A finales de los años 20, mientras muchos artistas se iban a París a pintar cafés y bulevares, dos creadores castellanomanchegos decidieron hacer algo revolucionario. El pintor Benjamín Palencia (de Barrax, Albacete) y el escultor Alberto Sánchez (de Toledo) empezaron a dar largos paseos por las afueras de Madrid y los campos de Castilla.

Juntos fundaron lo que se conoce como la Escuela de Vallecas. Ellos no buscaban paisajes verdes o montañas nevadas. Encontraron la verdadera belleza en la tierra seca, en los cardos, en las piedras, en los cerros pelados y en la luz cegadora de nuestra región. Demostraron que el paisaje rural y humilde, el que vemos todos los días, podía ser el protagonista del arte de vanguardia.

Benjamin Palencia (1960) Litografía
Benjamin Palencia (1960) Litografía

Las «excursionistas» del 27: Maruja Mallo y la naturaleza

Benjamín y Alberto no paseaban solos. A menudo les acompañaban poetas como Lorca o Alberti, y artistas geniales como Maruja Mallo. En esos paseos por el campo, Maruja no solo dibujaba; recogía piedras, raíces, huesos de animales, cenizas y espigas secas. Luego usaba esas formas de la naturaleza para crear sus impresionantes cuadros, a los que llamó Naturalezas Vivas (en contraposición a las clásicas «naturalezas muertas» o bodegones). Ella nos enseñó a mirar los elementos más pequeños del campo con ojos de artista.

Maruja Mallo, rodeada de sus obras en su estudio de Madrid en 1936. (Centro Botín / Reina Sofía)
Maruja Mallo, rodeada de sus obras en su estudio de Madrid en 1936. (Centro Botín / Reina Sofía)

La síntesis visual: Menos es más

Los artistas de la Escuela de Vallecas no copiaban el paisaje como si fueran una cámara de fotos. Hacían un proceso de síntesis visual:

  1. La línea del horizonte: A veces la ponían muy baja, para darle todo el protagonismo a ese cielo inmenso de Castilla.
  2. Las texturas: En lugar de dibujar hoja por hoja, usaban tramas de líneas (puntos, rayas cruzadas, zig-zags) para representar la rugosidad de la tierra arada o la dureza de un cardo.
  3. La energía del trazo: Sus líneas no son rectas con regla; son líneas hechas a pulso, orgánicas, que transmiten la fuerza del viento y la naturaleza.
Maruja Mallo (1927) La verbena
Maruja Mallo (1927) La verbena | HA! (historia-arte.com)

¡A crear! Tu reto en el taller

Hoy vas a reinterpretar un paisaje de nuestra comarca, de tu propio pueblo, pero lo vas a hacer con los ojos de un artista de la Escuela de Vallecas.

  1. Toma como referencia una fotografía del entorno del pueblo (los campos de girasoles, un cerro, tierras de secano, un camino de tierra).
  2. Opcional: Usa un soporte de cartulina de desecho (la parte trasera de una caja de cereales o galletas es perfecta porque su color marrón tierra ya nos da una base manchega).
  3. Con un bolígrafo de un único color (rojo, negro, azul, verde…), dibuja el paisaje usando solo líneas y tramas. Sintetiza: no dibujes detalles, dibuja la fuerza de la tierra. Una variante complicada sería realizar este mismo trabajo con tinta y plumilla. No se trata de colorear grandes zonas, se trata de dibujar líneas, como si fuera un grabado o una litografía.

Aquí debajo te dejo tres litografías de Benjamín Palencia para que te sirvan de referencia.

Benjamin Palencia - Litografías
Benjamin Palencia – Litografías