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Fauvismo

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Estamos en París, en 1905. Se inaugura una importante exposición de arte, el Salón de Otoño. En una de las salas, un grupo de artistas jóvenes y desconocidos ha colgado sus cuadros. El público y la crítica, acostumbrados a un arte que imita la realidad, se quedan horrorizados. Los cuadros que ven están pintados con colores chillones, puros, que parecen lanzados al lienzo con una furia irracional: árboles rojos, rostros verdes, cielos naranjas

En el centro de esa sala, había una pequeña escultura de estilo renacentista. Al verla, un crítico de arte llamado Louis Vauxcelles, para burlarse, exclamó: «¡Parece un Donatello entre las fieras!» (Donatello au milieu des fauves).

Sin saberlo, acababa de bautizar al primer gran movimiento de vanguardia del siglo XX: el fauvismo. Los artistas, lejos de ofenderse, adoptaron el nombre con orgullo. Eran «las fieras», y su rugido fue una explosión de color que cambió el arte para siempre.

André Derain (1905) Barcos de pesca (Collioure)
André Derain (1905) Barcos de pesca (Collioure)

El origen de la «furia»: la herencia de Van Gogh y Gauguin

El fauvismo no nació de la nada. Fue el siguiente paso lógico después de dos genios postimpresionistas que ya habían empezado a liberar el color:

  • Vincent van Gogh: Les enseñó que el color no tenía por qué describir un objeto, sino que podía expresar la emoción del artista. Van Gogh ya había pintado cielos turbulentos con amarillos imposibles para mostrar su angustia.
  • Paul Gauguin: Les enseñó que el color podía aplicarse en grandes áreas planas y antinaturales para crear un efecto simbólico y decorativo.

Los fauvistas cogieron estas dos ideas y las llevaron al extremo.

Paul Gauguin (1892) Arearea (el perro rojo)
Paul Gauguin (1892) Arearea (el perro rojo)

El manifiesto fauvista: las «reglas» de la rebelión del color

Aunque fue un movimiento muy corto (apenas duró de 1905 a 1907), sus ideas fueron una bomba atómica. Su «manifiesto» no escrito se puede resumir en tres principios revolucionarios:

  1. La liberación total del color: ¡Esta es la regla número uno! El color ya no tiene la obligación de imitar la realidad. Se convierte en el vehículo de la emoción pura. Un artista puede pintar el mar de color rojo, un árbol azul o una cara amarilla si eso es lo que siente en ese momento. Se usan los colores puros, directos del tubo, en su máxima intensidad.
  2. La simplificación radical del dibujo: Para los fauvistas, el color es el protagonista absoluto. Por tanto, el dibujo se simplifica. Se utilizan líneas de contorno gruesas y oscuras (a menudo negras o azules) que encierran las grandes manchas de color, casi como en una vidriera gótica o en un cómic.
  3. La abolición de la profundidad y el claroscuro: Se abandona la obsesión por crear una ilusión de espacio tridimensional. El claroscuro desaparece. El cuadro ya no es una «ventana a la realidad», sino lo que realmente es: una superficie plana cubierta de colores organizados.
Maurice de Vlaminck (1905) El huerto
Maurice de Vlaminck (1905) El huerto

Los líderes de la «jaula»: los principales exponentes

Henri Matisse: el líder, el equilibrio en la «jungla»

  • Quién era: Fue la figura principal y el cerebro del grupo. Aunque sus colores eran salvajes, Matisse siempre buscó una sensación de orden, serenidad y alegría de vivir. No era un pintor atormentado, sino que buscaba que su arte fuera «un buen sillón en el que descansar de las fatigas físicas».
  • Su estilo: Utilizaba grandes planos de color puro y vibrante para crear composiciones decorativas y llenas de vida.
  • Obra clave: Retrato de Madame Matisse (la raya verde) (1905). Es la declaración de principios del fauvismo. Matisse divide la cara de su esposa con una pincelada verde chillón. No es porque su mujer tuviera una raya verde en la cara, sino porque Matisse usa ese color frío (el verde) para crear la sombra, en contraste con los colores cálidos de la parte iluminada. El color ya no describe, sino que construye y expresa.
Retrato de Madame Matisse (La raya verde) (1905) Henry Matisse
Retrato de Madame Matisse (La raya verde) (1905) Henry Matisse

André Derain: el explorador, la ciudad en llamas

  • Quién era: Junto a Matisse, fue cofundador del movimiento. Su obra de este periodo es, quizás, la más enérgica y «salvaje» de todas.
  • Su estilo: Aplicaba el color con pinceladas cortas y rápidas, como si fueran ladrillos de dinamita de colores, creando una vibración increíble. Se atrevió a aplicar los principios fauvistas a paisajes urbanos.
  • Obra clave: El puente de Charing Cross (1906). Derain viajó a Londres y, en lugar de pintar su famosa niebla gris, representó el río Támesis y el parlamento con una paleta de colores imposible: amarillos, rojos y azules puros que hacen que la escena parezca una explosión. No pinta Londres, pinta la sensación vibrante y caótica de la ciudad moderna.
André Derain (1906) Le pont de Charing Cross
André Derain (1906) Le pont de Charing Cross

Maurice de Vlaminck: el instinto puro, el heredero de Van Gogh

  • Quién era: Era el artista más impulsivo e instintivo del grupo. Declaraba orgullosamente que nunca había pisado el museo del Louvre y que amaba a Van Gogh por encima de todo.
  • Su estilo: Es el que tiene la pincelada más gruesa, violenta y empastada. Aplicaba el color directamente del tubo con una energía arrolladora. Él mismo dijo: «Quería quemar la Escuela de Bellas Artes con mis cobaltos y mis bermellones».
  • Obra clave: Paisaje con árboles rojos (1906). Es un ejemplo perfecto de su estilo. El paisaje es una excusa para una orgía de color puro, con árboles de un rojo carmesí y un cielo con pinceladas azules y amarillas que parecen chocar entre sí. Es pura emoción y energía sin filtros.
Maurice de Vlaminck (1906) Paisaje con arboles rojos
Maurice de Vlaminck (1906) Paisaje con arboles rojos

¿Por qué fue tan importante este «escándalo»?

El fauvismo duró muy poco, pero fue el pistoletazo de salida para todas las vanguardias del siglo XX. Fue la primera vez que un grupo de artistas demostró de forma tan radical que un cuadro no tenía por qué parecerse al mundo real. Al liberar el color de su obligación de describir, le dieron permiso a las siguientes generaciones de artistas (como Picasso y los cubistas, que vendrían justo después) para liberar también la forma.

El fauvismo le enseñó al arte que un cuadro podía tener sus propias reglas y que el color, por sí solo, podía ser el tema, el protagonista y la emoción de la obra.